Seguramente Ud. ya no se acuerda de mí, porque desde la
última vez que me visitó hasta hoy han pasado varios años. Yo era el niño flaco
de Pedro Aguirre Cerda, al que en una navidad le regaló una bolsa con monedas,
una cena invitada por un amigo de la familia justo cuando pensábamos que no
habría que comer, un auto a cuerdas, un skateboard usado y muchas otras cosas
que agradecí y atesoré. Yo era el niño de la casa con las luces que fallaban en
el árbol. Tal vez ahora me recuerde.
Le escribo para contarle que aquí en mi país todo está más o
menos igual que cuando Ud. pasaba por mi casa cuando era niño y le resumo lo
que ha pasado en este 2011:
Primero le cuento que por muchos meses cientos de miles
bailaban en las calles con colores, alegría, esperanza, pidiendo algo justo y
razonable. Pedían ser educados sin ser robados al mismo tiempo. Le cuento que
vi a la juventud guiada por la belleza y la razón. Que vi en los más viejos el
renacer de esperanzas escondidas en el tiempo y el miedo. Otros miles golpearon
sus ollas en la calle para llevar esa vibración al cielo, pero los tapones
hechos con billetes son más efectivos Pero otros pocos, los que deciden, no quisieron escuchar; se burlaron de ellos. Nada
ocurrió y los que soñaban ahora pagan las consecuencias.
Le cuento que 21 personas, algunas conocidas y queridas,
murieron en un accidente aéreo y algunos vieron en ese dolor la ocasión perfecta
para destruir esos sueños del que le hablaba y volver los colores en un amargo
gris. Les funcionó, como funciona todo si hay pantalla y dinero.
Hubo gente pobre estafada y que vieron su dignidad repactada
unilateralmente. Hubo gente que se hizo escandalosamente rica por tener empresas
que manejan nuestra salud, aquellas que nos dicen cuando y como enfermarnos.
Hubo personas que veneraron a un asesino, otras que manejaban
la represión como a una marioneta, hubo un niño con un verde balazo en el pecho
que le robó su existencia.
Viejito, ya que te puse más o menos al día aprovecho de
pedirte tres cosas para el próximo año:
Primero: Vuelve a llenar las calles de movimientos valientes,
de colores, de música, de ollas golpeadas, de gente con sueños. Vuelve a llenar
la boca del chileno con “justicia” con “igualdad”. Vuelve a traernos belleza y
razón.
Segundo: Tráele conciencia al que gana más, tráele un minuto
de pobreza y empatía. Tráele un bocado de justicia al que sufre a costa de una
chequera.
Tercero: Si puedes, sigue llevándole bolsas con monedas,
autos a cuerdas, skateboards usados y cenas de último minuto a cuantos niños
puedas en casas con luces que fallan, pues de esa forma sembrarás sueños; esos
que se cosechan cuando uno está muy despierto.
