martes, 18 de septiembre de 2012

Glorias del Ejercito

Marchan los soldaditos
disfrazados de carniceros
Vuelan los avioncitos
con su color cenicero

Aplauden las señoras y aplauden los señores
a comandantes, almirantes y pordioseros
se visten con asqueroso orgullo
para ovacionar a los fusileros

Predican la valentía
y el orgullo del fusil
por una estrella dan la vida
por una patria mercantil

Ahí están sentados
dictadorcillos y ladronzuelos
atentos al ritmo mecánico
del que dispara en el suelo

¿De que Gloria me hablan,
si ninguna guerra han peleado?
la única batalla que conozco
fue contra un pueblo desarmado

Sigan con su ceremonia
llena de oro y de marchas
Con sus ignaros seguidores
y sus medallas con manchas

¿De que valentía me hablan?
¿Si yo no le gusto me dispara?
el orgullo se llama Violeta
el orgullo se llama Victor Jara

Mapuche muerto




Mapuche sucio, mapuche feo,
Come de mi pan y deja de llorar
¿No ves que estamos en una fiesta?
¿no ves que mi mujer y mis hijos se van a asustar?

Mapuche joven de nombre raro
Come de mi pan y deja de gritar
¿No ves que eres minoria?
¿no ves que a nadie vas a despertar?

Mapuche viejo de ropas mustias
Vete con tu ruido y dejame descansar
Que mañana debo ir a misa
A Nuestro Señor alabar

Mapuche hambriento, loco, insurgente
Come de este pan que yo te voy a sanar
Pero no me pidas lo que pides
Eso nunca te lo voy a  dar

Mapuche muerto, mapuche triste
Familia al lado, protesta singular
Ante Dios, la prensa y el  pais les digo
Todo esto lo vamos a solucionar

sábado, 1 de septiembre de 2012

Para mi amigo virtual


Soy una persona que suele envidiar, así como en más de alguna vez he sido envidiado. He renegado de cuanto personaje ha aparecido en la pantalla del living de mi casa y he despotricado contra su auto, su casa, su sueldo y hasta de su mujer. Contra la vida fácil, su fama y futuro. La envidia, amigos míos, se transformaba en resentimiento hasta que mi alma se volvía a reconfortar apenas apretaba otros botones. Ya no lo tenía ante mis ojos.

Sin embargo, hubo alguien que jamás despertó eso en mí. Su atractivo físico no me amedrentaba, sus autos no me causaban escozor, su casa no la deseaba para mí, ni su sueldo ni su fortuna. Era un amigo. Era el amigo desconocido. Así como existen monumentos a los soldados desconocidos, esta persona era la encarnación del amigo virtual. Todos lo vieron en invierno al levantarse o en verano al despertarse, al prepararse un café por la mañana o al quedarse entre las sábanas luego de algún llamado ingenioso y mentiroso al trabajo. Ahí estaba en las incómodas mañanas de fiebre, las de cansancio y las de temporal. Era el amigo que lo tenía todo pero que no rechazabas ni condenabas por eso, como lo haría mi espíritu tan humano y envidioso con algún otro afortunado.

Es curioso, pero este amigo virtual no tenía idea de mi existencia, aunque creo que la presentía. Con este amigo pasé de la adolescencia escolar a ser el orgulloso primer universitario de la familia, de ser un fiestero a ser un casado padre de dos hijas. De tener pelo largo hasta el hombro y creerme artista, a usar traje todos los días. En fin, evolucioné frente a su pantalla así como él lo hizo frente a mis ojos, púes paso de ser un flaco con peinado de tanguero a un maduro canoso de chaqueta y corbata.

Este amigo tenía cara noble y buen humor. Fue valiente en la política, así como yo lo soy un poco. Le dijo “no” a este gobierno que yo tanto rechazo, le dijo “sí” a los estudiantes que yo tanto apoyo; le dijo “vamos” a una zona destruida y abandonada, tal como yo lo haría. Tal vez por eso los gobernantes no lo estimaban como el resto de nosotros, tal vez por eso ahora que no está por aquí, ellos no han dicho ni una palabra de afecto hacia mi amigo virtual. Tal vez les alivie su ausencia. Tal vez.

A veces cosas malas le pasan a la gente buena. El viernes subió a un avión junto a veinte bien intencionados y ya no volverá a estar en mi pantalla, al menos no con el reloj azul dando la hora exacta del día. No me vengan con el discurso de que Dios necesita a los mejores en el cielo o me hablen de conformidad por su descanso en el inmenso océano. Ante esos argumentos me rebelo. Este amigo virtual sigue apareciendo en la pantalla ahora solo como un recuerdo. Yo no lo creo, es irreal. La gente con fama, fortuna, pinta y voluntad no debe morir hecha pedazos como si fuéramos de cristal, con los restos esparcidos y perdidos entre el agua y la sal.

Pero rebelarse contra la vida es derrota segura o es morir; así que mejor me sumo al luto de mis amigos reales, al de mi mujer, al de mi madre, al de mis hermanas y hasta al de mi hija de 4 años que sabe que este, mi amigo virtual, ya no estará más por acá.

Si las flores regaladas, las fotos en algún lugar colgadas, los recuerdos transmitidos, las canciones dedicadas, los llantos bien intencionados, las risas del pasado proyectadas en TV o el efecto que en mi pueblo todo esto ha provocado son vistos por mi amigo de alguna forma desde el otro lado,  entonces existirá la conformidad infinita de que el morir fusionado con el aire y el agua bien puede valer el divino agravio de convertirse en parte de un elemento, aún cuando todos sabemos que no era el momento.

jueves, 5 de julio de 2012

Carta abierta a Marcelo Díaz


Querido Marcelo:

Te escribo no solo para desearte éxito en tu futuro lejos de la camiseta azul que amamos, sino también para contarte porque me representas como persona.

Tengo  35 años y he sido hincha de la Universidad de Chile desde el primer segundo de vida. Mi padre me ayudó a sentir amor y lealtad por una camiseta que en aquella época solo sabía regalarnos frustraciones y pena, pero infinita pasión y deseos de ver la luz al final del túnel.  Con mi padre viví las jornadas dobles en el Santa Laura, los desmanes en el estadio de La Cisterna, los clásicos sin esperanza alguna, las copas y las fiestas en la vereda del frente que se sentían como si las casas de al lado celebraran el año nuevo mientras tu casa está a oscuras por no pago de la luz. Esa era la U que me enamoró y me mantiene enamorado. La U que arrienda, como yo; la U a la que todo le cuesta el doble, como a mí; la U que celebra los triunfos como si fueran los últimos.

La gloria de nuestra U volvió casi junto con la democracia a nuestro país y eso no se puede dejar pasar. Fue como un designio de que los tiempos oscuros pasan, como pasa el hambre o como se acaba el llanto. Tuve la suerte de ser adolescente cuando levantamos la copa en el norte y lloraba con mi hermano en esa caravana hermosa y bicolor por la Alameda. Pude disfrutar los bicampeonatos con mis amigos, odiar al mundo por el robo de Argentina, gritar en vivo y en directo los goles del Matador, admirar las jugadas del Leo, sentir el llanto de Vargas y aplaudir sus tapadas mágicas. Pude al fin, en mi adolescencia, lucir mi primera camiseta “original”. Crecí. Ahora soy profesional y creo que sigo igual: Un eterno amante de la camiseta azul.

Hoy mi padre ya no está y aún lo extraño en el estadio. Pero su ausencia me hace sentir responsable de enseñarle a los miembros más pequeños de mi familia, hijas, sobrinos, primos y amigos sobre la importancia de no “ser” de la U, sino “vivirla” con orgullo; y es ahí donde aparece tu imagen: Marcelo Díaz no es un ídolo tocado por Dios, es un ídolo tocado por la vida. Marcelo Díaz no fue nadie, fue rechazado y vuelto a ser recibido. Se sacrificó, le venció a su destino, mejoró, se juramentó superarse, lo hizo, se ganó su espacio en la historia y en cada uno de los que llevan a la U bien puesta. Hoy lamentamos su partida y ansiamos su regreso como si fuera un hermano que viaja a estudiar al extranjero luego de dar vuelta su propio partido.

 Eso eres Marcelo; el hermano que se va, el amigo que se cambia de casa, el ídolo que según todas las cartas, pronósticos y oráculos nunca debió ser. El mensaje perfecto para quienes no tienen casa propia, no han terminado sus estudios, para los que no llegamos a fin de mes y nos vemos sobrepasados por problemas o tienen un desafío que a la vista parece imposible de “dar vuelta”.

Cuando vuelvas a la U nos encontrarás un poco más viejos, pero sentados en la puerta 10 (ojalá de nuestra propia casa, sino no importa) o en cualquier zona de la galería apoyando con el mejor humor y con pura esperanza a un equipo que nunca ha tenido nada fácil y que nos regala días hermosos de tanto en tanto, para que no olvidemos que el éxito también puede salpicar al que lucha, al que cree.

El mejor de los éxitos Marcelo.

@zurdo_pensante