viernes, 19 de febrero de 2010

yo crecí con la concertación



Quiero escribir estas palabras a ustedes sobre los presidentes de Chile que respeté y admiré desde que tenía 12 años, a los presidentes de la concertación. Patricio Aylwin le devolvió la dignidad no solo a un país destruido y en llamas, también a mi familia. Jamás olvidaré el día en que asumió y mi hermano lloraba en mi hombro de niño en Teatinos con la Alameda, mientras los papeles picados caían desde lo alto de las torres, yo también lloré, sin tener demasiada conciencia del momento que vivía. Gracias al “Pato” mi padre se levantó de su cama y dejó la depresión que lo ahogaba tras ser exonerado de Gendarmería por ser un hombre justo y respetuoso de los derechos humanos, incluso alabado por Clotario Blest. Fue reintegrado con la gestión de Enrique Krauss. Mi madre, dejó de cocinar con leña y de vender botellas para alimentarme a mí y a mis hermanos, consiguió un puesto en un Liceo municipal, que solo ha dejado hace unos días para jubilar. Patricio Aylwin me dio la esperanza de que todo iba a ser mejor, Nunca olvidaré ese Estadio Nacional lleno escuchando sus palabras, y él intentando unir a civiles y militares en un Chile renaciente.

Eduardo Frei fue un presidente serio, que recibió muchas bromas y se encargó de limpiar la imagen de un Chile visto con ceño fruncido desde afuera. No viajó tanto como los humoristas presumen ni lo hizo tan mal como los derechistas quisieran. En su mandato entré a la Universidad, tal vez por eso no recuerdo mucho de él. Mis neuronas (y mis hormonas) estaban ocupadas en otra cosa. Es el Presidente Honorario del club de mis amores, y es por eso que lo comparo con un mediocampista, cuyo trabajo es imprescindible pero poco vistoso. Su mandato le dio dignidad a mi hija, quien ahora tiene los derechos de cualquier niño nacido dentro del matrimonio; no es un legado menor.

Ricardo Lagos es tal vez a quien admiro más. Tenía una postura y un hablar digno de un padre cariñoso pero muy estricto. Imponía respeto con su presencia, jamás se me ocurriría rebatirle nada y ante una discusión saldría de su oficina con la cola entre las piernas, pero era justo, claro, valiente. Como olvidar el mensaje de su madre al asumir “en que te estás metiendo Ricardito”, que saliera tan nítido en la transmisión televisiva. Como olvidar que le dijo que NO al poder de Bush, como olvidar que lloré cuando dejó el poder. Lo extrañaría, como extraño a mi viejo hoy. En su mandato me titulé y comencé a enseñar en los colegios más pobres de Santiago, con orgullo de mi título, aquel que ninguno de mis cinco hermanos había logrado.

Michelle Bachelet comenzó con todas las trabas habidas y por haber de una derecha machista y envidiosa del hito que Chile había forjado. Celebré su triunfo en la alameda en un ambiente de alegría, con tambores, bailes, mujeres, muchas mujeres rebosantes de orgullo, con mi mujer –siempre desinteresada de la política- gritando a toda voz. Michelle es mi hermana y mi madre al mismo tiempo, es el triunfo de la verdad y la justicia frente a los celos del monstruo verde derechista. Es quien termina esta crónica. En su mandato me casé y tuve a mi segunda hija, en su mandato mi padre se fue, en su mandato maduré y pase la barrera de los treinta.

Siento pena pues crecí con estos cuatro presidentes. Creo que en cuatro años me volveré muy viejo y miro con nostalgia esos años de paz. No quiero aquellos tiempos otra vez: con mi hermano mayor apaleado en su cama y mi madre cocinando patas de pollo para vivir, o con un paco apuntándome con un fusil en la cabeza durante un operativo. Los mejores momentos y recuerdos de mi vida los viví con la concertación, no con la derecha en mi niñez.

Cuatro años no es nada, solo espero que no sean un largo invierno; como lo presagió la naturaleza hoy.

Fuerza y alegría.

Carta a Michelle


Buenas tardes Presidenta:

Escribo esta carta para que la lea en su viaje de vuelta a Santiago, en su auto particular, con los ojos llorosos, mirando el paisaje de verde y café, como fueron pintados los prados, las montañas y los pastos del país que Ud. manejó.

Viene viajando y los vítores están ahora en gargantas oscuras. Viene viajando mi Presidenta, y aún la llamo así pues será mi presidenta hasta las nuevas elecciones, gobernando silente desde los recuerdos de millones de chilenos, sin la banda de tres colores y desde la luz mañanera de su comedor familiar.
Viene viajando y sé que suspira, que no quiere hablar, que la ventana del auto es más grande de lo que quisiera. Viene viajando y Valparaíso se nubla y reparte las nubes a todo Chile. Viene viajando y el viaje es más largo; dura horas, días, 4 años.

Viene viajando y va quedando una estela brillante, histórica, pasional, agradecida. Quedan atrás en cada centímetro que avanza hacia su hogar los recuerdos de millones de chilenos que vieron surgir a su país con verdad, justicia e intentos de igualdad, muchos intentos de igualdad. Atrás queda la música, la cultura, las marionetas gigantes, los manejos económicos, la igualdad para los recién nacidos, los carnavales y las libertades. Atrás quedan las mujeres dichosas comprando bandas presidenciales para lucirlas con orgullo. Atrás quedan mil momentos de mil quinientos días. Atrás quedan las trabas y envidias, los honores y reconocimientos, los llantos en silencio (sé que los tuvo, como sé que mi madre llora cuando nadie la ve) y las carcajadas sin pauteo, espontaneas, naturales, como cuando cada mañana se enfrenta al espejo.

Vienes viajando Michelle y el consuelo lo dará el tiempo, la razón por sobre la fuerza y la sencillez intrínseca de tu pueblo por sobre la billetera de algunos. Vienes viajando y el viaje ya no es tan largo, porque cada hombre, mujer, niño y anciano que te recuerda te ha pavimentado la carretera con su respeto y cariño. Te regalan una brisa de agradecimiento con su pañuelo blanco.
Vienes llegando Michelle, y te das cuenta que tu vida no será la misma (no lo es para nadie que aparece en los libros de historia): pero debes saber que seguirás siendo la “Presidente de la guarda” de muchos más de los que crees. Terminas mis letras y sabrás, que has terminado un viaje para emprender otro, el de la vuelta.

Carta a Piñera




He visto con preocupación en estos últimos meses que mis calles se invadieron de estrellas multicolores y sonrisas. Dicha circunstancia me vuelve un poco escéptico e incluso paranoico, ya que tal combinación de colores puede causar ceguera parcial en muchas personas. Noto como el color rojo y otros del arco iris se han palidecido en pos de colores más ambiguos, más de atardeceres que de amaneceres.

Siento estimado señor, que las sonrisas de sus carteles se ponen difusas en su rostro, ya no hay bailes, ni música ni regocijo. ¿Es idea mía o su cara se ha vuelto más dura, más parca, más empresarial? . No quisiera equivocarme, pero las comparaciones no dejan nada a la imaginación.

Mi estimado, no puedo sino comparar al Chile que Ud. prometió con el que Lewis Carroll entregó en su obra Alicia en el país de las maravillas. Un Chile lleno de vida y colores, pero donde la lógica y la matemática dejaban de lado cualquier práctica mágica. Donde los personajes son adorables a la vista de niños y gente con poco recurso mental, pero la locura, las cabezas que ruedan, el tiempo que se acaba, los seres extraños que gobernaban eran evidentes ante la vista de quienes ven un poco mas allá. ¿Acaso no recuerda que Alicia solo quería salir de ahí?, ¿que no importaban los mundos mágicos prometidos, ella solo quería regresar donde correspondía? Señor Piñera, ¿es Ud. el gato Cheshire?, ¿o es la reina de corazones que hacia rodar cabezas? ¿O es el sombrerero, el cual es un individuo desequilibrado, nervioso, activo, entrometido, algo obsesivo, que cambia de opinión constantemente, mentiroso, redundante e indiscreto? La respuesta la sabe solo Ud. y el 48% de votantes en contra, pues aquellos que votaron por Ud. sin ser de su bando político y deslumbrados por su fortuna y su suerte (porque las palabras permiten hacer la distinción), enceguecidos por las estrellas de colores y sus hijos de tez resistente al acné no cuentan en esta misiva, pues son ellos los actores secundarios y desaparecidos de esta gran obra teatral en la que se está convirtiendo este país, los que deberán pagar los costos de la puesta en escena.

Mi estimado, y permítame decirle así, pues sinceramente lo estimo. No cualquier hombre deseoso de poder haría lo que sea por estar en sus pantalones. Hay quienes compran canales de televisión, otros que desean cerrar diarios, otros que editan las preguntas de la prensa; incluso han habido casos de gente que ha estafado bancos. Pero ese no es su caso, por supuesto.

Como hincha de un sufrido equipo de fútbol chileno, muy azul por lo demás, me gustaría advertirle con respecto a su gabinete: no es bueno que un chef se haga cargo de un equipo de futbol, o que un empresario de un gabinete, no sé si entiende mi comparación. Yo solo escribo para ayudarle. Ambos, el equipo de futbol y el gabinete, caerán sucumbiendo ante la hinchada y el pueblo ganoso de ver rodar cabezas (volvemos a Lewis Carroll, que gracioso.)

Bueno mi estimado NO presidente, solo quiero desearle la mejor de las suertes y ojalá que para el 2014 sus amigos le hayan guardado sus bienes muy debajo del colchón, así no vuelva a tomar jugo en vez de coca cola.

Mis parabienes.