
No le creo al rico bien vestido, educado y alimentado su cara de dolor al hablar de la pobreza ajena, lejana, molesta. No le creo a su perfume caro cuando se esconde del hedor a pobre. No le creo a la mano refinada estrechándose con otra más sometida, arrugada, laboriosa. Solo creo en la pobreza, en ese dolor en el sueño del hombre y ese adormilamiento de la humanidad. Esa desesperación mensual, semanal, diaria. Solo creo en la sinceridad del que educa, del que emplea y del que da, con dolor o sin él, con el anónimo testigo, con pasión no clerical, con pasión no política o con pasión en todo lo que abarca. No le creo al rico bien intencionado y pauteado, al de las líneas de memoria y buenas intenciones verbales. No le creo a este gobierno.
No le creo al dolor del Presidente cuando habla de la última encuesta CASEN. Su cara y sus muecas difícilmente esbozan algo similar al dolor y es muy simple: Nunca ha sufrido el ardor insufrible de la pobreza. La conoce, pues alimentó a muchas familias durante su campaña con cajas de mercadería, compró sus votos; les dio comida más no les enseño a sembrar. Conquistó al pobre mas arreciado de las poblaciones y los hizo parte de su ejército por 10 mil pesos al día. También compró sus votos. No les enseñó a pescar, les tiró el pescado al suelo para que se alimentaran.
Hoy llora en TV por los pobres de Chile mientras sus acciones suben acaudaladamente y sus promesas se congelan con las heladas de cada mañana. Duerme en chozas y se mezcla con ellos. Pero sus gestos y miradas están en otro lado, lejos de ahí; no está agradado, está entre leprosos jugando a ser un Cristo sin poderes y sin más fe que en la de su propia omnipotencia. Su gente no es esa. Su gente son los que juegan a tener el esquivo poder por un rato, rezando bienaventuranzas en La Moneda y apretándose alguna parte sensible del cuerpo para soltar una lágrima para que aquellos pobres crean en ellos. Más la intención real esquiva a los pobres.
Piñera es un icono de negocios bien hechos (y mal habidos), es un líder del capitalismo en su expresión más fuerte. Es el empresario que baja el sueldo y traba negociaciones, es el que hace trabajar horas extras, el que despide y re contrata; es el que llena las calles de colores y compra votos con fideos. No es precisamente un líder defensor, no le queda el papel de mandatario sufriente y acongojado por los pobres de mi país. Piñera no es el sonriente, amigable y empático protector de los pobres, él es más bien un “defensor de la pobreza”, del ente que la representa, del monstruo que ataca en silencio. Él defiende a la pobreza, no a los pobres. Y lo sabe muy bien. Es por eso que aquella frase que Alguien alguna vez dijo: “Es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja a que un rico entre al Reino de los Cielos” lo desconcierta. Pronto publicará un aviso en el diario: “permuto helicóptero por camello roñoso”.
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