miércoles, 21 de diciembre de 2011

Carta al Viejito Pascuero 2011

Querido Viejito Pascuero:

Seguramente Ud. ya no se acuerda de mí, porque desde la última vez que me visitó hasta hoy han pasado varios años. Yo era el niño flaco de Pedro Aguirre Cerda, al que en una navidad le regaló una bolsa con monedas, una cena invitada por un amigo de la familia justo cuando pensábamos que no habría que comer, un auto a cuerdas, un skateboard usado y muchas otras cosas que agradecí y atesoré. Yo era el niño de la casa con las luces que fallaban en el árbol. Tal vez ahora me recuerde.

Le escribo para contarle que aquí en mi país todo está más o menos igual que cuando Ud. pasaba por mi casa cuando era niño y le resumo lo que ha pasado en este 2011:

Primero le cuento que por muchos meses cientos de miles bailaban en las calles con colores, alegría, esperanza, pidiendo algo justo y razonable. Pedían ser educados sin ser robados al mismo tiempo. Le cuento que vi a la juventud guiada por la belleza y la razón. Que vi en los más viejos el renacer de esperanzas escondidas en el tiempo y el miedo. Otros miles golpearon sus ollas en la calle para llevar esa vibración al cielo, pero los tapones hechos con billetes son más efectivos Pero otros pocos, los que deciden,  no quisieron escuchar; se burlaron de ellos. Nada ocurrió y los que soñaban ahora pagan las consecuencias.

Le cuento que 21 personas, algunas conocidas y queridas, murieron en un accidente aéreo y algunos vieron en ese dolor la ocasión perfecta para destruir esos sueños del que le hablaba y volver los colores en un amargo gris. Les funcionó, como funciona todo si hay pantalla y dinero.

Hubo gente pobre estafada y que vieron su dignidad repactada unilateralmente. Hubo gente que se hizo escandalosamente rica por tener empresas que manejan nuestra salud, aquellas que nos dicen cuando y como enfermarnos.
Hubo personas que veneraron a un asesino, otras que manejaban la represión como a una marioneta, hubo un niño con un verde balazo en el pecho que le robó su existencia.
Viejito, ya que te puse más o menos al día aprovecho de pedirte tres cosas para el próximo año:

Primero: Vuelve a llenar las calles de movimientos valientes, de colores, de música, de ollas golpeadas, de gente con sueños. Vuelve a llenar la boca del chileno con “justicia” con “igualdad”. Vuelve a traernos belleza y razón.
Segundo: Tráele conciencia al que gana más, tráele un minuto de pobreza y empatía. Tráele un bocado de justicia al que sufre a costa de una chequera.

Tercero: Si puedes, sigue llevándole bolsas con monedas, autos a cuerdas, skateboards usados y cenas de último minuto a cuantos niños puedas en casas con luces que fallan, pues de esa forma sembrarás sueños; esos que se cosechan cuando uno está muy despierto.

lunes, 28 de noviembre de 2011

Una nueva Teletón

Cuando era niño, lo mejor de la Teletón era que me indicaba el témino del colegio y la cercanía de la Navidad. Cuando adolescente me indicaba practicamente lo mismo y hoy simplemente me recuerda que hay muchos empresarios luchando por un cupo para decirnos que comprar, para decirnos que es un “pecado” hablar en contra de tal magno evento y que si no ayudamos, en el fondo, no somos chilenos. La teletón es una institución solida, poderosa, siempre tras la cara de niños que luchan y padres que sufren, de esmerados profesionales y técnicos.

Gente valiosa. Valiosa, como el dinero que ganan las empresas o los réditos de sus desinteresadas figuras artísticas y en este año en especial, las figuras politicas. Una empresa -por ejemplo- que dona 300 millones de pesos se lleva el aplauso de muchos, pero por ningún motivo cuenta que sus ganancias fueron el cuátruple y menos que no paga necesariamente impuestos al acogerse a la ley de donaciones. Pero celebramos su “generosidad” y agradecemos de que todo lo que venden en una hora pase directo a la cuenta del banco, sin contar que la gente se queda ahí, comprando cuando esa hora pasa.

No soportaré ver un segundo a Piñera o a su agradable séquito en televisión abierta y en cadena nacional, intentando caer bien o esconder sus falencias como improvisados gobernantes tras la cara de un niño que con lo único que sueña es con caminar, o más simplemente aún, con pararse. No soportare verlo llorar a él o a la ministra, porque buscarán hacerlo, porque les exigirán hacerlo, porque así gobiernan. Aparecerá el hombre fuerte, el de los lentes gruesos que no quiero nombrar, apelando a la sensibilidad. Sensibilidad que carece. Han sido demasiadas tragedias en este periodo para soportar más cánticos de esperanza. Para ver como en Dichato o Constitución “la gente está yendo mas lenta al banco”, - “levantate constitución” gritará Don Francisco y los artistas sonreirán y las familias -sin casa aún- juntarán monedas en un tarro. Usarán ese prodigio para dejar la sensación de que están bien los sureños, a pesar de todo, gracias a todo. Y los mineros cantarán el Himno Nacional junto al ministro héroe, para cerrar otra jornada gloriosa, repleta de chaquetas rojas y fuegos artificiales.

Imaginen la figura de Camiroaga, cada dos minutos, solo imaginen. Hay mucho más porque luchar, muchas más sonrisas que lograr en este Chile sacudido, malaventurado de vez en cuando, este Chile olvidadizo y a veces tedioso, a veces alegre. Muchos niños enfermos y prontamente con peor educación, muchos desempleados, mucha injusticia y mucho poder acumulado. ¿Qué si mi perspectiva sería distinta si me tocara a mi?, muy probablemente, pero he crecido con las 27 horas de TV y ahora me planteo todo con más claridad.

Los paradigmas nacieron para destruirlos. ¿Qué tal una gran teletón no para pedir dinero, sino para informar sobre las peticiones del movimiento estudiantil? ¿Una gran teletón para mostrar al mundo que este “hermoso movimiento” es realmente justo y que son los gobernantes los que no quieren tocar a sus ricos, a sus partidarios, a sus coterraneos? ¿Qué tal una gran teletón para cambiar la constitución, para que los escandalósamente ricos paguen más impuestos y no se estén regalando becas a quien no puede ingresar a la educación superior? ¿Qué tal una gran teletón para recordar que hay mas teletones que se deberían hacer y que jamás se harán? No hay amargura en mis palabras sino alerta, no me malentiendan. La teletón como idea es genial y caballeresca. Pero como en todo, el que tiene poder la utiliza a su beneficio y lentamente se olvida el origen y el punto final de tal evento.

 Recuérdenlo cuando Piñera salga a cantar o a bailar, a desfilar o a llorar para ganarse una portada, un punto en la encuesta.

viernes, 25 de noviembre de 2011

Poesía acróstica a Krassnoff


Miguel Krassnoff, le pido escuche mi relato:
Una vez estuve preso y fui torturado
En aquella, “La Torre de los gritos”
Risas militares y comentarios burlescos
Entumecían mis heridas y mis quebrados huesos

Solo me confortaban los cercanos recuerdos
Uniéndolos de a poco entre rojos silencios
Fantasías de libertad de amigos y de pueblo
Reinos sin reyes ni esclavos hambrientos
Invadían ellos mi mente en medio del lamento.
Entonces llegaba Ud. Cobarde soldado negro
Nunca vi su cara más solo sentía su aliento
Dando órdenes, altanero y haciendo aspavientos
Organizando balas, sobando lomos y alentando fusileros.

Humo, cenizas, polvo y llovizna
Inocentes amarrados y gritando tras una cortina
Jadeos del llanto que su tortura ha provocado
Ojos vendados, cuerpos mutilados.
De a dos en dos sus soldados nos golpearon
Enfermos de gloria otras muertes celebraron
Pacientes lloramos, nuestro turno esperamos.
Usted es un soldado de enemigos desarmados
También es admirado por serpientes y lagartos.
Asesino Krassnoff….este escrito le regalo.

viernes, 11 de marzo de 2011

Arrendatario

Voy camino a mi trabajo, escuchando melodías de voces muertas y cantos que me representan. A veces las acompaño, a veces las contemplo en silencio. Voy subiendo en mi recorrido y cuadra a cuadra el pasto se fortalece en su color y las murallas replandecen en su limpieza; en sus rosados, verdes, blancos y celestes; como hubiera dicho Víctor.

Voy subiendo por las calles de mi ciudad, camino a mi trabajo y día a día los mismos barrios me salen a saludar. Las mismas casas con felices propietarios. Y el pasto del vecino se hace más verde y las camionetas y autos se me hacen más nuevos. Voy de cara al sol, y este parece que quiere protegerme, dificultando mi visión, impidiéndome contemplar en amplitud, las casas, los edificios y las gentes.

Veo balcones y buhardillas, árboles fuertes y flores rojas. Imagino a mis niñas jugando bajo la sombra de una casa propia que tan solo existe en mi mente. Y maldigo mis deudas y maldigo mi título y maldigo mi historia. ¿Cómo no he enfermado de resentimiento y envidia?, ¿cómo no me he rebelado ante la vida, si me hubiera tocado otra vida. Pero sigo camino al trabajo, luchando contra un sol que me vigila. Contra un Dios inexistente pero curiosamente omnipotente y sordo, que me exige resignación, entendimiento, entrega.
Voy camino al trabajo y las cabezas se esclarecen, las pieles se blanquean y los ojos se aclaran. Las ropas cambian de estilo y los autos y las casas crecen y se embellecen. Las plazas ya no están sucias y los juegos para niños parecen diferentes. Y me aferro al canto y a un futuro lejano que no quiere ser indiferente. Voy camino al trabajo, aún no llego, pero ya esta cansada mi mente.

Comienzo mi jornada y sonrío, enseño, juego y actúo. El camino de retorno está a horas de distancia; el sol tendrá que debilitarse para verme salir. Y llego a mi refugio, a las paredes que no son mías, a la tierra de las plantas que no son mías, a conquistar un espacio que no es mío.

Pero en ese espacio blanco están ellas, dos mujeres que me esperan. Una que me abraza y que me besa y otra que apenas rodea mis piernas. Sus ojos brillan y los míos también suspiran. Me preguntan como estuvo mi día, yo respondo con una sonrisa.