Bienvenida de vuelta,
Presidenta.
(por Rodrigo Salinas Corona)
Escribo esta carta para que la lea en su camino al Congreso,
pues su elección es casi segura y así lo avala la calle y las encuestas. Le
escribo para que la analice como tal vez lo hizo con aquella que escribí para
su partida, en Febrero del 2010. Esa carta fue publicada en el The
Clinic, se llamaba “Buenas Tardes,
Presidenta” http://www.theclinic.cl/2010/02/03/buenas-tardes-presidenta/ .Fue mi orgullo, pues era mi sentimiento de pérdida reflejado
en unas cuantas letras.
Yo crecí con la Concertación y observé con pavor como Chile
prefería a la derecha; la de Pinochet, la de la dictadura. Ya resignado (o
casi) organicé para usted una despedida ciudadana por medio de Facebook en la
Plaza de la Constitución a donde llegaron cientos de mujeres, niños y hombres
con una flor en las mano y mercadería para los damnificados por el terremoto.
La situación superó mis expectativas. Me sentía nervioso por lo que estaba
haciendo, por mí y por Ud. Me sentía orgulloso de haber hecho mi voz escuchar y
ver hasta buses llegando para despedirla. Sin embargo Ud. no apareció (no la
culpo, pues usted no sabía del evento ni tampoco los carabineros del sector) y
no sé si la carta que le entregué en las manos a la Ministra Secretaria de
Gobierno haya llegado a Ud. Confiaré en que sí. En fin, si no lo hizo igual esa
tarde de día jueves le dio a mi vida una gran anécdota que contar.
Pero esta vez le escribo sin tanta poesía ni luces
decorativas. Esta vez no sé si tenga la suerte de ser publicado. Esta vez le
escribo para decirle que al igual que en el 2005 votaré por usted y por sus
propuestas. Para contarle que intentaré convencer al indeciso y que flamearé la
bandera con la “M” si la ocasión lo amerita.
También le escribo para avisarle que estaré muy atento a sus
compromisos. Me mantendré informado día a día de los avances. Monitorearé los
movimientos del Honorable Cuerpo Legislativo para lograr los cambios que Chile
necesita. ¡Pero qué digo Chile! Los cambios que yo necesito, que mis hijas
necesitan, que mi mujer necesita, que mi madre, hermanos, amigos, vecinos y el
enorme etcétera que confiará en Ud. por segunda vez.
Velaré por un cambio en las pensiones, en la salud, educación
y en la Constitución. Velaré por la igualdad ante la ley y ante las
oportunidades. Velaré por el respeto al Mapuche y porque se escuche su proclama
histórica. Velaré para que sus promesas se vuelvan compromisos cumplidos y no
ofertas maquilladas y desechadas al paso del tiempo.
No hay deuda que no se pague reza el dicho; y si su gobierno
no se acerca a lo prometido no dudaré en exigir lo pactado, en flamear mi
bandera, la personal, la de mi pequeño reino a defender. Me veré en la
obligación de decirles a todos que hemos vuelto a lo mismo, con los mismos,
pactando con los de siempre y dejando de lado a los usuales. Me veré obligado a
encontrarles la razón a los que no la quieren y deberé bajar mi cabeza en
resignación. Las dificultades y la falta de fuerza las puedo comprender en un
camino empedrado como lo fueron los
veinte años de mandato, pero no lo entenderé con estos aires, aires nuevos que
nos trajeron los estudiantes. Con las demandas de un pueblo que ya no tiene
astigmatismo, que ya no ve borrosas las promesas de los que ostentan el poder.
Con las demandas de un Chile que ha cambiado y cada vez le teme menos al legado
de Pinochet.
Me veré en la obligación de volverme opositor, de
transformarme en un líder, de seguir enseñando pero desde mi perspectiva. Me
veré en la obligación no de escribirle una carta sino que haré de escribirle
una canción; pero este no será un canto de resignación, será de protesta.
Espero pueda leer estas letras, que no son escaramuzas de
amenaza sino un amplio miedo a la decepción. Después de todo, a nadie le gusta
caer en pozos ciegos. Y si de algo me sirvieron estos cuatro años, fue para
darme cuenta que muchos estaban en uno, pero no lo sabían.
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