sábado, 21 de agosto de 2010

Minero pobre

El minero pobre busca el sustento en una enfermiza proximidad al infierno, mientras sus dueños respiran aires de cielo azul, playas y perfumes de niños jugando. Conviven en el útero de una Pacha Mama traicionera y en condiciones de otros siglos peores. Sus mujeres son gordas, despeinadas y mal vestidas y en sus casas abundan las comidas que esperan en la mesa. Sus familias visten pieles ajadas y soleadas y sus niños estudian en colegios sin esperanzas con el único consuelo de que aprendan el oficio.

El minero pobre rehúye al sol y sus principios. Se somete a la antítesis de lo que ilumina. Se protege la condición azarosa de que el próximo derrumbe no le atine. No sabe de leyes y no pronuncia ni sabe escribir la palabra “royalty”. Es un ignaro de la vida y la rechaza en la faena, pues se entrega a la tierra para simular estar muerto en vida.

Es ignorado por los Estados y mal cuidado por los dueños de sus días. Las defensas laborales no saben de profundidades de minas. Solo salen a la luz si quedan atrapados en la más rotunda oscuridad, las ironías del Creador son infinitas.

Nuestra idiotasincracia nos enseña que el pobre es más pobre si la desgracia lo fulmina y que la solidaridad del chileno es parte de la magia televisiva. Rezamos, comentamos, horadamos la tierra y hasta lloramos. Nos sorprendemos con la plática del cura y de político, con las soluciones y los enojos y hasta con el llanto del ministro. Aguantamos las lágrimas con la música y el relato del conductor del noticiero. Pero la vida sigue y el pobre siempre espera…espera otra bofetada para que reconozcamos su existencia.

El minero pobre admira al minero rico por su capacidad de delegar los riesgos en subcontratistas. El minero pobre sueña con bonos millonarios y autos del año. El minero pobre mira desde lo oscuro de la tierra y sus familias se conforman con empanadas, chaquetas rojas y banderas rotas. El minero pobre sueña con que el gasto que se ha hecho en contactarlos se hubiera usado en mejorar sus vidas y no en constatar sus muertes.

El minero pobre enterrado en el norte es la razón de este escrito; la alegoría de lo que sucede es estremecedora: No hay millones que puedan salvar a un pobre, si en vida se le ha enviado a su entierro.

miércoles, 14 de julio de 2010

La pobreza en la boca del rico


No le creo al rico bien vestido, educado y alimentado su cara de dolor al hablar de la pobreza ajena, lejana, molesta. No le creo a su perfume caro cuando se esconde del hedor a pobre. No le creo a la mano refinada estrechándose con otra más sometida, arrugada, laboriosa. Solo creo en la pobreza, en ese dolor en el sueño del hombre y ese adormilamiento de la humanidad. Esa desesperación mensual, semanal, diaria. Solo creo en la sinceridad del que educa, del que emplea y del que da, con dolor o sin él, con el anónimo testigo, con pasión no clerical, con pasión no política o con pasión en todo lo que abarca. No le creo al rico bien intencionado y pauteado, al de las líneas de memoria y buenas intenciones verbales. No le creo a este gobierno.

No le creo al dolor del Presidente cuando habla de la última encuesta CASEN. Su cara y sus muecas difícilmente esbozan algo similar al dolor y es muy simple: Nunca ha sufrido el ardor insufrible de la pobreza. La conoce, pues alimentó a muchas familias durante su campaña con cajas de mercadería, compró sus votos; les dio comida más no les enseño a sembrar. Conquistó al pobre mas arreciado de las poblaciones y los hizo parte de su ejército por 10 mil pesos al día. También compró sus votos. No les enseñó a pescar, les tiró el pescado al suelo para que se alimentaran.

Hoy llora en TV por los pobres de Chile mientras sus acciones suben acaudaladamente y sus promesas se congelan con las heladas de cada mañana. Duerme en chozas y se mezcla con ellos. Pero sus gestos y miradas están en otro lado, lejos de ahí; no está agradado, está entre leprosos jugando a ser un Cristo sin poderes y sin más fe que en la de su propia omnipotencia. Su gente no es esa. Su gente son los que juegan a tener el esquivo poder por un rato, rezando bienaventuranzas en La Moneda y apretándose alguna parte sensible del cuerpo para soltar una lágrima para que aquellos pobres crean en ellos. Más la intención real esquiva a los pobres.

Piñera es un icono de negocios bien hechos (y mal habidos), es un líder del capitalismo en su expresión más fuerte. Es el empresario que baja el sueldo y traba negociaciones, es el que hace trabajar horas extras, el que despide y re contrata; es el que llena las calles de colores y compra votos con fideos. No es precisamente un líder defensor, no le queda el papel de mandatario sufriente y acongojado por los pobres de mi país. Piñera no es el sonriente, amigable y empático protector de los pobres, él es más bien un “defensor de la pobreza”, del ente que la representa, del monstruo que ataca en silencio. Él defiende a la pobreza, no a los pobres. Y lo sabe muy bien. Es por eso que aquella frase que Alguien alguna vez dijo: “Es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja a que un rico entre al Reino de los Cielos” lo desconcierta. Pronto publicará un aviso en el diario: “permuto helicóptero por camello roñoso”.

miércoles, 3 de marzo de 2010


Relato de dolor y amor
Hoy escribo entre sollozos el relato que les doy. Se lo entrego a mi pueblo que todo lo perdió.

Mi esposo duerme sufriente en las piedras de mi hogar
La tierra no le dio aviso, no se pudo levantar
Recuerdo cuando empezamos con aquel primer pilar
Hubo fiesta, música, risas y la bandera en el tijeral

Mi esposo duerme sufriente bajo piedra y lodazal
Silente bajo su sueño espera que lo vengan a buscar
Yo deambulo por las calles por quien pueda ayudar
Mas la tierra ha convertido a mi pueblo en basural

Esposo mío, compañero, mi humorista, mi nidal
Hoy respiro mas no estoy viva, se me ha muerto tu mirar
Esposo mío, vida mía, que te has ido sin despertar
No culpes a tu pobreza, ni a la tierra en tu emigrar.

A mi niña se la han llevado, se la ha llevado el mar
Mi brazo de hombre no ha podido con su ira Natural
Vino el agua por la calle por donde ella solía andar
Con una canción en los labios, un juguete o un danzar

Mi niña vivía alegre entre pasto y maizal
No tenía más riqueza que su coche y su animal
Era mi vigilante, era la luz de mi pobre hogar
Hoy el mar se la ha llevado y no la puedo ir a buscar

Niña hermosa, pelo negro, ojos de almendral
No me culpes, ni a la tierra, no te fijes en el mar
Niña hermosa, vida mía, que te has ido sin gritar
Cuando llegue a donde estés nos pondremos a llorar

viernes, 19 de febrero de 2010

yo crecí con la concertación



Quiero escribir estas palabras a ustedes sobre los presidentes de Chile que respeté y admiré desde que tenía 12 años, a los presidentes de la concertación. Patricio Aylwin le devolvió la dignidad no solo a un país destruido y en llamas, también a mi familia. Jamás olvidaré el día en que asumió y mi hermano lloraba en mi hombro de niño en Teatinos con la Alameda, mientras los papeles picados caían desde lo alto de las torres, yo también lloré, sin tener demasiada conciencia del momento que vivía. Gracias al “Pato” mi padre se levantó de su cama y dejó la depresión que lo ahogaba tras ser exonerado de Gendarmería por ser un hombre justo y respetuoso de los derechos humanos, incluso alabado por Clotario Blest. Fue reintegrado con la gestión de Enrique Krauss. Mi madre, dejó de cocinar con leña y de vender botellas para alimentarme a mí y a mis hermanos, consiguió un puesto en un Liceo municipal, que solo ha dejado hace unos días para jubilar. Patricio Aylwin me dio la esperanza de que todo iba a ser mejor, Nunca olvidaré ese Estadio Nacional lleno escuchando sus palabras, y él intentando unir a civiles y militares en un Chile renaciente.

Eduardo Frei fue un presidente serio, que recibió muchas bromas y se encargó de limpiar la imagen de un Chile visto con ceño fruncido desde afuera. No viajó tanto como los humoristas presumen ni lo hizo tan mal como los derechistas quisieran. En su mandato entré a la Universidad, tal vez por eso no recuerdo mucho de él. Mis neuronas (y mis hormonas) estaban ocupadas en otra cosa. Es el Presidente Honorario del club de mis amores, y es por eso que lo comparo con un mediocampista, cuyo trabajo es imprescindible pero poco vistoso. Su mandato le dio dignidad a mi hija, quien ahora tiene los derechos de cualquier niño nacido dentro del matrimonio; no es un legado menor.

Ricardo Lagos es tal vez a quien admiro más. Tenía una postura y un hablar digno de un padre cariñoso pero muy estricto. Imponía respeto con su presencia, jamás se me ocurriría rebatirle nada y ante una discusión saldría de su oficina con la cola entre las piernas, pero era justo, claro, valiente. Como olvidar el mensaje de su madre al asumir “en que te estás metiendo Ricardito”, que saliera tan nítido en la transmisión televisiva. Como olvidar que le dijo que NO al poder de Bush, como olvidar que lloré cuando dejó el poder. Lo extrañaría, como extraño a mi viejo hoy. En su mandato me titulé y comencé a enseñar en los colegios más pobres de Santiago, con orgullo de mi título, aquel que ninguno de mis cinco hermanos había logrado.

Michelle Bachelet comenzó con todas las trabas habidas y por haber de una derecha machista y envidiosa del hito que Chile había forjado. Celebré su triunfo en la alameda en un ambiente de alegría, con tambores, bailes, mujeres, muchas mujeres rebosantes de orgullo, con mi mujer –siempre desinteresada de la política- gritando a toda voz. Michelle es mi hermana y mi madre al mismo tiempo, es el triunfo de la verdad y la justicia frente a los celos del monstruo verde derechista. Es quien termina esta crónica. En su mandato me casé y tuve a mi segunda hija, en su mandato mi padre se fue, en su mandato maduré y pase la barrera de los treinta.

Siento pena pues crecí con estos cuatro presidentes. Creo que en cuatro años me volveré muy viejo y miro con nostalgia esos años de paz. No quiero aquellos tiempos otra vez: con mi hermano mayor apaleado en su cama y mi madre cocinando patas de pollo para vivir, o con un paco apuntándome con un fusil en la cabeza durante un operativo. Los mejores momentos y recuerdos de mi vida los viví con la concertación, no con la derecha en mi niñez.

Cuatro años no es nada, solo espero que no sean un largo invierno; como lo presagió la naturaleza hoy.

Fuerza y alegría.

Carta a Michelle


Buenas tardes Presidenta:

Escribo esta carta para que la lea en su viaje de vuelta a Santiago, en su auto particular, con los ojos llorosos, mirando el paisaje de verde y café, como fueron pintados los prados, las montañas y los pastos del país que Ud. manejó.

Viene viajando y los vítores están ahora en gargantas oscuras. Viene viajando mi Presidenta, y aún la llamo así pues será mi presidenta hasta las nuevas elecciones, gobernando silente desde los recuerdos de millones de chilenos, sin la banda de tres colores y desde la luz mañanera de su comedor familiar.
Viene viajando y sé que suspira, que no quiere hablar, que la ventana del auto es más grande de lo que quisiera. Viene viajando y Valparaíso se nubla y reparte las nubes a todo Chile. Viene viajando y el viaje es más largo; dura horas, días, 4 años.

Viene viajando y va quedando una estela brillante, histórica, pasional, agradecida. Quedan atrás en cada centímetro que avanza hacia su hogar los recuerdos de millones de chilenos que vieron surgir a su país con verdad, justicia e intentos de igualdad, muchos intentos de igualdad. Atrás queda la música, la cultura, las marionetas gigantes, los manejos económicos, la igualdad para los recién nacidos, los carnavales y las libertades. Atrás quedan las mujeres dichosas comprando bandas presidenciales para lucirlas con orgullo. Atrás quedan mil momentos de mil quinientos días. Atrás quedan las trabas y envidias, los honores y reconocimientos, los llantos en silencio (sé que los tuvo, como sé que mi madre llora cuando nadie la ve) y las carcajadas sin pauteo, espontaneas, naturales, como cuando cada mañana se enfrenta al espejo.

Vienes viajando Michelle y el consuelo lo dará el tiempo, la razón por sobre la fuerza y la sencillez intrínseca de tu pueblo por sobre la billetera de algunos. Vienes viajando y el viaje ya no es tan largo, porque cada hombre, mujer, niño y anciano que te recuerda te ha pavimentado la carretera con su respeto y cariño. Te regalan una brisa de agradecimiento con su pañuelo blanco.
Vienes llegando Michelle, y te das cuenta que tu vida no será la misma (no lo es para nadie que aparece en los libros de historia): pero debes saber que seguirás siendo la “Presidente de la guarda” de muchos más de los que crees. Terminas mis letras y sabrás, que has terminado un viaje para emprender otro, el de la vuelta.

Carta a Piñera




He visto con preocupación en estos últimos meses que mis calles se invadieron de estrellas multicolores y sonrisas. Dicha circunstancia me vuelve un poco escéptico e incluso paranoico, ya que tal combinación de colores puede causar ceguera parcial en muchas personas. Noto como el color rojo y otros del arco iris se han palidecido en pos de colores más ambiguos, más de atardeceres que de amaneceres.

Siento estimado señor, que las sonrisas de sus carteles se ponen difusas en su rostro, ya no hay bailes, ni música ni regocijo. ¿Es idea mía o su cara se ha vuelto más dura, más parca, más empresarial? . No quisiera equivocarme, pero las comparaciones no dejan nada a la imaginación.

Mi estimado, no puedo sino comparar al Chile que Ud. prometió con el que Lewis Carroll entregó en su obra Alicia en el país de las maravillas. Un Chile lleno de vida y colores, pero donde la lógica y la matemática dejaban de lado cualquier práctica mágica. Donde los personajes son adorables a la vista de niños y gente con poco recurso mental, pero la locura, las cabezas que ruedan, el tiempo que se acaba, los seres extraños que gobernaban eran evidentes ante la vista de quienes ven un poco mas allá. ¿Acaso no recuerda que Alicia solo quería salir de ahí?, ¿que no importaban los mundos mágicos prometidos, ella solo quería regresar donde correspondía? Señor Piñera, ¿es Ud. el gato Cheshire?, ¿o es la reina de corazones que hacia rodar cabezas? ¿O es el sombrerero, el cual es un individuo desequilibrado, nervioso, activo, entrometido, algo obsesivo, que cambia de opinión constantemente, mentiroso, redundante e indiscreto? La respuesta la sabe solo Ud. y el 48% de votantes en contra, pues aquellos que votaron por Ud. sin ser de su bando político y deslumbrados por su fortuna y su suerte (porque las palabras permiten hacer la distinción), enceguecidos por las estrellas de colores y sus hijos de tez resistente al acné no cuentan en esta misiva, pues son ellos los actores secundarios y desaparecidos de esta gran obra teatral en la que se está convirtiendo este país, los que deberán pagar los costos de la puesta en escena.

Mi estimado, y permítame decirle así, pues sinceramente lo estimo. No cualquier hombre deseoso de poder haría lo que sea por estar en sus pantalones. Hay quienes compran canales de televisión, otros que desean cerrar diarios, otros que editan las preguntas de la prensa; incluso han habido casos de gente que ha estafado bancos. Pero ese no es su caso, por supuesto.

Como hincha de un sufrido equipo de fútbol chileno, muy azul por lo demás, me gustaría advertirle con respecto a su gabinete: no es bueno que un chef se haga cargo de un equipo de futbol, o que un empresario de un gabinete, no sé si entiende mi comparación. Yo solo escribo para ayudarle. Ambos, el equipo de futbol y el gabinete, caerán sucumbiendo ante la hinchada y el pueblo ganoso de ver rodar cabezas (volvemos a Lewis Carroll, que gracioso.)

Bueno mi estimado NO presidente, solo quiero desearle la mejor de las suertes y ojalá que para el 2014 sus amigos le hayan guardado sus bienes muy debajo del colchón, así no vuelva a tomar jugo en vez de coca cola.

Mis parabienes.