viernes, 11 de marzo de 2011

Arrendatario

Voy camino a mi trabajo, escuchando melodías de voces muertas y cantos que me representan. A veces las acompaño, a veces las contemplo en silencio. Voy subiendo en mi recorrido y cuadra a cuadra el pasto se fortalece en su color y las murallas replandecen en su limpieza; en sus rosados, verdes, blancos y celestes; como hubiera dicho Víctor.

Voy subiendo por las calles de mi ciudad, camino a mi trabajo y día a día los mismos barrios me salen a saludar. Las mismas casas con felices propietarios. Y el pasto del vecino se hace más verde y las camionetas y autos se me hacen más nuevos. Voy de cara al sol, y este parece que quiere protegerme, dificultando mi visión, impidiéndome contemplar en amplitud, las casas, los edificios y las gentes.

Veo balcones y buhardillas, árboles fuertes y flores rojas. Imagino a mis niñas jugando bajo la sombra de una casa propia que tan solo existe en mi mente. Y maldigo mis deudas y maldigo mi título y maldigo mi historia. ¿Cómo no he enfermado de resentimiento y envidia?, ¿cómo no me he rebelado ante la vida, si me hubiera tocado otra vida. Pero sigo camino al trabajo, luchando contra un sol que me vigila. Contra un Dios inexistente pero curiosamente omnipotente y sordo, que me exige resignación, entendimiento, entrega.
Voy camino al trabajo y las cabezas se esclarecen, las pieles se blanquean y los ojos se aclaran. Las ropas cambian de estilo y los autos y las casas crecen y se embellecen. Las plazas ya no están sucias y los juegos para niños parecen diferentes. Y me aferro al canto y a un futuro lejano que no quiere ser indiferente. Voy camino al trabajo, aún no llego, pero ya esta cansada mi mente.

Comienzo mi jornada y sonrío, enseño, juego y actúo. El camino de retorno está a horas de distancia; el sol tendrá que debilitarse para verme salir. Y llego a mi refugio, a las paredes que no son mías, a la tierra de las plantas que no son mías, a conquistar un espacio que no es mío.

Pero en ese espacio blanco están ellas, dos mujeres que me esperan. Una que me abraza y que me besa y otra que apenas rodea mis piernas. Sus ojos brillan y los míos también suspiran. Me preguntan como estuvo mi día, yo respondo con una sonrisa.

1 comentario:

  1. usted se deberia haber dedicado a la literatura pues escribe muy bien. saludos

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