miércoles, 30 de octubre de 2013

Carta a Michelle Bachelet



Bienvenida de vuelta, Presidenta.
(por Rodrigo Salinas Corona)

Escribo esta carta para que la lea en su camino al Congreso, pues su elección es casi segura y así lo avala la calle y las encuestas. Le escribo para que la analice como tal vez lo hizo con aquella que escribí para su partida, en Febrero del 2010. Esa carta fue publicada  en el The Clinic, se llamaba “Buenas Tardes, Presidenta”   http://www.theclinic.cl/2010/02/03/buenas-tardes-presidenta/ .Fue mi orgullo, pues era mi sentimiento de pérdida reflejado en unas cuantas letras.

Yo crecí con la Concertación y observé con pavor como Chile prefería a la derecha; la de Pinochet, la de la dictadura. Ya resignado (o casi) organicé para usted una despedida ciudadana por medio de Facebook en la Plaza de la Constitución a donde llegaron cientos de mujeres, niños y hombres con una flor en las mano y mercadería para los damnificados por el terremoto. La situación superó mis expectativas. Me sentía nervioso por lo que estaba haciendo, por mí y por Ud. Me sentía orgulloso de haber hecho mi voz escuchar y ver hasta buses llegando para despedirla. Sin embargo Ud. no apareció (no la culpo, pues usted no sabía del evento ni tampoco los carabineros del sector) y no sé si la carta que le entregué en las manos a la Ministra Secretaria de Gobierno haya llegado a Ud. Confiaré en que sí. En fin, si no lo hizo igual esa tarde de día jueves le dio a mi vida una gran anécdota que contar.

Pero esta vez le escribo sin tanta poesía ni luces decorativas. Esta vez no sé si tenga la suerte de ser publicado. Esta vez le escribo para decirle que al igual que en el 2005 votaré por usted y por sus propuestas. Para contarle que intentaré convencer al indeciso y que flamearé la bandera con la “M” si la ocasión lo amerita. 

También le escribo para avisarle que estaré muy atento a sus compromisos. Me mantendré informado día a día de los avances. Monitorearé los movimientos del Honorable Cuerpo Legislativo para lograr los cambios que Chile necesita. ¡Pero qué digo Chile! Los cambios que yo necesito, que mis hijas necesitan, que mi mujer necesita, que mi madre, hermanos, amigos, vecinos y el enorme etcétera que confiará en Ud. por segunda vez.

Velaré por un cambio en las pensiones, en la salud, educación y en la Constitución. Velaré por la igualdad ante la ley y ante las oportunidades. Velaré por el respeto al Mapuche y porque se escuche su proclama histórica. Velaré para que sus promesas se vuelvan compromisos cumplidos y no ofertas maquilladas y desechadas al paso del tiempo.

No hay deuda que no se pague reza el dicho; y si su gobierno no se acerca a lo prometido no dudaré en exigir lo pactado, en flamear mi bandera, la personal, la de mi pequeño reino a defender. Me veré en la obligación de decirles a todos que hemos vuelto a lo mismo, con los mismos, pactando con los de siempre y dejando de lado a los usuales. Me veré obligado a encontrarles la razón a los que no la quieren y deberé bajar mi cabeza en resignación. Las dificultades y la falta de fuerza las puedo comprender en un camino empedrado  como lo fueron los veinte años de mandato, pero no lo entenderé con estos aires, aires nuevos que nos trajeron los estudiantes. Con las demandas de un pueblo que ya no tiene astigmatismo, que ya no ve borrosas las promesas de los que ostentan el poder. Con las demandas de un Chile que ha cambiado y cada vez le teme menos al legado de Pinochet.

Me veré en la obligación de volverme opositor, de transformarme en un líder, de seguir enseñando pero desde mi perspectiva. Me veré en la obligación no de escribirle una carta sino que haré de escribirle una canción; pero este no será un canto de resignación, será de protesta.

Espero pueda leer estas letras, que no son escaramuzas de amenaza sino un amplio miedo a la decepción. Después de todo, a nadie le gusta caer en pozos ciegos. Y si de algo me sirvieron estos cuatro años, fue para darme cuenta que muchos estaban en uno, pero no lo sabían.


martes, 10 de septiembre de 2013

Una vela por ellos

Prenderé una vela y no lo haré para iluminar mi camino en la oscuridad de un apagón. Lo haré por el desaparecido, por el ejecutado y torturado. Lo haré por el apaleado, por el acusado, el delatado. Lo haré por las mujeres que lloran al hijo, esposo y hermano en un féretro simbólico. Lo haré por Rodrigo, Carmen Gloria,  Parada, Guerrero, Nattino, Victor, Salvador y los miles cuyos nombres no recuerdo. Lo haré porque hace 40 años con un golpe seco y cobarde y traidor todo comenzó. Lo haré a la vista de todos para que la luz sea vista desde las estrellas. Lo haré para agradecer que esa suerte no me tocó y para recordar que en el mismo suelo por donde camino, hubo dolor y muerte. Te invito a hacer lo mismo. Deja esa vela arder cuando se vaya el sol, no cuando se vaya la luz.

jueves, 27 de junio de 2013

Suerte


Con sus últimos mil pesos del mes jugó unos número del Loto al azar, salió del negocio y le pidió a Dios que le diera suerte esa tarde.

Por apostar se atrasó y al llegar a su trabajó no encontró espacio para estacionar. Justo antes de marcharse, un auto partió atrás de él. Satisfecho posicionó su pequeño automóvil pero al detenerse cayó en la cuenta: Acababa de perder sus últimos mil pesos.

Ten cuidado con lo que le pides a Dios

lunes, 10 de junio de 2013

El exonerado

Año 80, 81…no lo recuerdo…tenía 3 o 4 años. Mi padre vuelve a casa sin trabajo. Fue despedido. Exonerado.

Trabajó durante años en “Prisiones” y llegó a ser Alcaide de la Penitenciaría, ahí vivió el golpe, trabajando, alejado de la política, asustado como todos, volviendo a casa a pie. Ahí hizo su carrera, paró una familia de 5 hijos, se sintió orgulloso y se hizo más hombre. De seguro le ayudó a ser feliz.

Mi padre fue un DC de los de antaño, de los que se sabía el himno y tenía una foto de Frei Montalva. Llegó a tener una en la que la prominente nariz del presidente se acercaba a la de él en un saludo protocolar…era un trofeo.  Más no era un hombre político, no tenía estirpe de dirigente. Era un hombre con convicciones que vivir en paz.

Cuenta la historia que mi viejo trataba bien a los presos políticos que llegaban hasta esa cárcel. Cuenta la historia que les daba un trato digno. Cuenta la historia que los ayudaba y entregaba sus mensajes. Cuenta la historia que Clotario Blest estaba dentro de esas rejas, también haciendo algo por los encarcelados. Cuenta la historia que Don Clotario se paró en el ovalo, sobre unas cajas, y agradeció  en público a este señor de lentes gruesos y bigotes, que sin tener porque hacerlo los había tratado como lo que eran: personas. Personas que arriesgaban condenas o torturas y desapariciones por pensar diferente y con las manos vacías, con ropas pobres, en un tiempo que siempre imagino en blanco y negro. Fueron de alguna forma protegidos por este señor, que siendo civil y cristiano llegó a un puesto más bien apetecido por militares, que a esa altura lo querían todo.

Pinochet sumaba años y dinero por imponer el terror. Mi padre los perdía por intentar ser un bálsamo. Volvía a casa con sus manos vacías. Ahí comenzó la historia negra. Ahí empezó a rodar la rueda de diez años de deterioro e incapacidad de encontrar trabajo. Ahí llegaba a sentarse al lado de su cama el monstruo pequeño y poderoso de la depresión que no le dejaba levantarse. Fueron en esos años donde la familia se debilitó y decaía como mi salud, como mi cuerpo de niño mal nutrido, pálido anémico. Fue ahí cuando este viaje lento y oscuro comenzó, hasta detenerse cuando volvió la supuesta democracia. Diez años que marcaron la vida de mi mi madre, mis hermanos y la mía. Diez años que me formaron en lo espiritual y lo político, igual que a mi padre.

Pero a pesar de todo lo vivido, a pesar de todo lo llorado, la derecha en estos días quiere que Ud. confunda a oportunistas y haraganes que han mal utilizado el beneficio con dirigentes valientes perseguidos y con los torturados, a los detenidos que mi propio padre intento defender y dignificar. Han llegado a incluir  a magnos derechistas oscuros de la época como exonerados políticos ante la risa indefensa de una opinión pública que no tiene fuerza. Quieren que crea que los “exonerados” son una especie de millonarios que viven a costa del Estado: Mi padre fue exonerado y su beneficio fue la reintegración y una tarjeta de atención en el sistema público. Esos fueron sus “millones”.

Hoy no vendrá ningún dirigente de la seudo democracia derechista a decirme como se siente ver llorar a tus padres o a decirme cuanto quema la lágrima cuando se es llorada por uno que ha sufrido.


Que no le ensucien el concepto, que no le impongan su pensamiento. Que ser exonerado también es un destierro. No los confundamos con ratas que comen del basurero. No dejemos que aquellos que alguna vez todo esto aplaudieron se transformen en verdugos, nuevamente, de nuestros viejos y ahora abuelos.


viernes, 15 de febrero de 2013

De piedra, ladrillo o de madera


De piedra, de ladrillo o de madera
Aquí se estampa mi casita en la pradera
Correrán  mis niñas y tomaré jugo en el jardín
Despegaré mis ojos de la tierra
Para ver cómo evolucionan las estrellas

De piedra, ladrillo o de madera
Solo el techo cubrirá mis sueños
Y aunque viejo seré el real dueño
Al banquero no le voy a dar razón

De piedra, ladrillo o de madera
Donde mi cabeza se pondrá difusa y blanca
Dormiré en la misma cama ancha
Respirando el aire de mi mujer

De piedra ladrillo o madera
Aquí pasare la lluvia
Aquí sudaré en enero
Celebrare la llegada del niño nuevo
O Llorare la partida de alguien que quiero


Y si en esta casa me muero
Que lo vivido no sea en vano
Que se llenen los muros de colores
Y que sigan creciendo los arbustos
Que los hijos de mis hijos sigan corriendo en los pasillos
Que yo estaré en algún rincón del universo
Protegiendo las murallas de tan bello castillo